“…..¿Por qué no pasas al otro lado de la alambrada y vivimos nuestra última aventura?”. Con estas palabras se dirigía el niño judío al protagonista de la película de John Boyle. Muchos de ustedes ya conocen el desenlace del film, y es precisamente por ese motivo, por el que he querido trasladarles los mensajes empresariales camuflados que hay en ella.
Más allá de hablarles de liderazgo, rectitud, o toma de decisiones (mensajes todos ellos que se vislumbran al visionarlo) he querido centrarme en lo que se ha convertido, en ocasiones, en un mal común de las empresas de hoy: la integración horizontal.
Bruno, el niño alemán de la película, tenía todo lo que un crío podía desear en su casa. Con sus altibajos propios de la edad y de la deslocalización (como en las empresas) vivía perfectamente en su entorno. Sin embargo, su afán por innovar y sus inquietudes le empujaron a hacer lo que a la postre fue la última excursión de su vida: cruzar la alambrada junto a su amigo judío Shmuel.
Siguiendo con el símil, muchas empresas de hoy, agobiadas tal vez por la situación actual acuciante, deciden pasar al otro de la valla y apostar por nuevos negocios para diversificar riesgos. Lo ejemplifica a la perfección el dicho: “No pongas todos los huevos en la misma cesta”. En muchas ocasiones, no era realmente necesario hacerlo, ya que, al igual que el niño, disfrutaban en su entorno y tenían todo cuanto fuera necesario: experiencia, Knowhow, marca, facturación, etc
Sin embargo, deciden hacerlo. Empresas, por cierto, que han destinado esfuerzos, dinero y personas (lamentablemente en muchas ocasiones las mismas personas que en sus originarios negocios) para apostar por unidades nuevas de negocios (UEN’s) que a veces representan una ínfimo porcentaje de su facturación total. ¿Vale, por tanto, la pena?
Integrarse horizontalmente está muy bien (al igual que las integraciones verticales aguas arriba o abajo) pero siempre que tengan una coherencia con los objetivos grupales.
Una empresa que hace zapatos debe centrarse en lo que sabe hacer: zapatos porque desde luego, cruzar el charco sin sentido, podría provocarle la muerte. Basta con despistarse un poco para que la competencia coja posiciones, el cliente perciba la falta de dedicación e incluso el producto o servicio baje de calidad.
Pensemos pues, antes de dar el paso, si este aparente salto puede suponer la última excursión del negocio original. Recuerden que el pijama es solo para dormir, no para los negocios……..
Más allá de hablarles de liderazgo, rectitud, o toma de decisiones (mensajes todos ellos que se vislumbran al visionarlo) he querido centrarme en lo que se ha convertido, en ocasiones, en un mal común de las empresas de hoy: la integración horizontal.
Bruno, el niño alemán de la película, tenía todo lo que un crío podía desear en su casa. Con sus altibajos propios de la edad y de la deslocalización (como en las empresas) vivía perfectamente en su entorno. Sin embargo, su afán por innovar y sus inquietudes le empujaron a hacer lo que a la postre fue la última excursión de su vida: cruzar la alambrada junto a su amigo judío Shmuel.
Siguiendo con el símil, muchas empresas de hoy, agobiadas tal vez por la situación actual acuciante, deciden pasar al otro de la valla y apostar por nuevos negocios para diversificar riesgos. Lo ejemplifica a la perfección el dicho: “No pongas todos los huevos en la misma cesta”. En muchas ocasiones, no era realmente necesario hacerlo, ya que, al igual que el niño, disfrutaban en su entorno y tenían todo cuanto fuera necesario: experiencia, Knowhow, marca, facturación, etc
Sin embargo, deciden hacerlo. Empresas, por cierto, que han destinado esfuerzos, dinero y personas (lamentablemente en muchas ocasiones las mismas personas que en sus originarios negocios) para apostar por unidades nuevas de negocios (UEN’s) que a veces representan una ínfimo porcentaje de su facturación total. ¿Vale, por tanto, la pena?
Integrarse horizontalmente está muy bien (al igual que las integraciones verticales aguas arriba o abajo) pero siempre que tengan una coherencia con los objetivos grupales.
Una empresa que hace zapatos debe centrarse en lo que sabe hacer: zapatos porque desde luego, cruzar el charco sin sentido, podría provocarle la muerte. Basta con despistarse un poco para que la competencia coja posiciones, el cliente perciba la falta de dedicación e incluso el producto o servicio baje de calidad.
Pensemos pues, antes de dar el paso, si este aparente salto puede suponer la última excursión del negocio original. Recuerden que el pijama es solo para dormir, no para los negocios……..
Sergio W. Engel ManchadoProfesor Titular de la asignatura de MK
ESCOEX International Business School en Canarias
1 comentario:
Es verdad que Bruno perdió todo al dar el paso, al cruzar la valla, pero no crees, y desde un modesto punto de vista, que si no lo hubiera dado, ¿a lo mejor la historia hubiera seguido desde el otro lado de la valla, para siempre!?.Si no arriesgas no ganas y si no creces, mueres. Por supuesto, todo con cabeza!! un abrazo!
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